2015: Chiloé

Publicado por Susanei ,


Hay muchos destinos a los que por años había querido ir, pero que por un motivo u otro se postergaban por razones absurdas. Entre ellos (y gracias a las fuerzas divinas, todos cumplidos) estaban Machu Picchu, San Pedro y Chiloé.
Chiloé sin duda fue un viaje distinto, ya que por primera vez viajé sola con mi hermana, el que fue su primer viaje, por lo que ella estaba constantemente nerviosa y pensando en mi mamá. Supongo que al final nunca se relajó del todo, pero al menos creo que lo pasó bien.
A Chiloé llegamos desde Puerto Varas. Allí tomamos un bus que pasó primero por Puerto Montt y después por Pargua, lugar en el que el bus se montó en el transbordador que nos llevaría finalmente a la isla grande, el transbordador sobre el que tanto había leído.
Cruzando a Chiloé
Cuando salimos del bus a observar cómo nos íbamos acercando a la isla, el viento nos azotó como pocas veces durante el viaje. El cielo estaba de un gris oscuro, con nubes que mas que amenazantes, me parecieron perfectas para el momento. Nunca me había imaginado un Chiloé soleado con muchos grados, sino que por el contrario, lluvioso y con un clima difícil de afrontar, a pesar de que fuimos en verano.
A Ancud no pasamos, debido a que me pareció que no había mucho para ver, así que nos fuimos directamente a Castro, a un hostal que la verdad parecía una casa cálida y acogedora.
El primer día recorrimos lo que pudimos de Castro, fuimos a comer a un restaurant donde había menú vegetariano, pero a mi hermana no le gustó, para variar. Luego fuimos a los palafitos a un pequeño museo, a la plaza que recuerda que algún día hubo un ferrocarril que conectaba Castro con Ancud y que luego del terremoto del 60 nunca volvió a funcionar.
La primera impresión fue de ciudad, obviamente de pequeña ciudad, de pueblo, pero nada muy impresionante, sin contar la iglesia de llamativos colores que adorna la plaza principal y la marea que subía y bajaba según el momento del día.
A pesar de solo fue hace unos meses, no recuerdo con total exactitud cuando fuimos a cual parte, así que lo plasmaré sin orden.
Para mi, sin duda, el climax máximo del viaje fue en el Parque Nacional Chiloé...

2014: Brujas

Publicado por Susanei ,


Siempre existen destinos a los que la mayoría de la gente quiere ir: París, Londres, Brasil, el Caribe... y a pesar de que yo también pensé así en algún punto, Brujas fue para mi como el deseo común de la gente que quiere ir a París. La incluí en cuentos, en fantasías varias, investigué y vi tantas fotos de ella como pude. Envidiaba a mis amigos que fueron, y la segunda vez que estuve en Europa, me arrepentí repetidamente de no haber ido. Por eso, cuando llegamos y empezamos a dar vueltas por allí arriba de una micro para llegar a nuestro hostal, experimenté uno de esos momentos en que piensas que todos tus sueños se pueden hacer realidad, por muy utópico que suene y sea.
Molinos que vimos al llegar
Brujas es una ciudad para caminar lentamente, para saborearla de a poco, para inmiscuirse en detalles, para permitirse soñar un poco sin sentirse idiota ni como una versión mala de una canción romántica.
Hasta el hostal fue decente, y eso, en nuestras condiciones precarias, era pedir mucho. Cuando llegamos, vimos unos molinos, y cuando empezamos a caminar, a pesar de que no estábamos precisamente en el centro, me pareció precioso.
Felicidad pura
Compramos unos panes en un negocio que se veía demasiado apetitoso, y nos sentamos a los pies de una iglesia a comer cual indigentes, hasta que empezó a llover y nos arruinó el almuerzo. La lluvia fue el elemento común en nuestro viaje. Desde Roma que la lluvia nos estuvo molestando (no siempre, a veces fue divertido) pero para ser verano, era un poco tedioso porque no sabíamos qué ropa ponernos, cuanto abrigo llevar o si cargar con el paraguas.
Así, bajo un poquito de lluvia, nos pusimos a caminar por lo que habíamos visto antes sobre la micro, y bueno, como ya dije, no hay palabras. Era tan lindo como sobrecogedor. ¡Cómo pueden existir lugares tan perfectos y otros tan nefastos! ¿el planeta no podría ser un poco más equitativo en cuanto a belleza?
Estaba todo lleno de chocolaterías tan hermosas como deliciosas, y aunque no teníamos plata, tuvimos que entrar y comprar algo. ¡Recuerdo unas bolitas de chocolate tan exquisitas! ¡y el chocolate blanco para morirse!
Más felicidad
Pero todo lo lindo también tiene su lado B, aunque no por parte de la ciudad, sino que de nosotros mismos, ya que una tarde me enojé con el Roberto porque me tenía harta que usara tanto su teléfono. No entendía cómo podía estar tan pegado con el aparatito estando de viaje. Hasta cierto punto lo entiendo en tu propia ciudad, en la rutina, en el aburrimiento de tu realidad, ¿pero en Brujas? así que una tarde me fui sola a un lugar con un río con aves a comer papas fritas, aunque Brujas es tan chico que nos terminamos encontrando igual, ya sin enojo ni nada, solo hambre, como siempre. 
No entramos a ningún museo, tanto por el dinero como por el día, porque estaban cerrados, pero sí que entramos a varias iglesias, tanto por curiosidad e interés, como para protegernos de la lluvia.
Selfie junto al río
Recuerdo un día que estuvimos visitando unos parques y la tranquilidad de algunas calles, pero cuando estuvimos en ese parque, empezamos a sentir truenos. Obviamente se pondría a llover así que nos dispusimos a salir del parque, pero no alcanzamos ni a llegar a la salida y la lluvia de mierda ya nos estaba empapando. ¡Cómo podía llover tanto en esa fecha! estábamos un poco lejos del centro y aun más lejos de nuestro hostal, así que caminamos rápido por una calle resbaladiza, pero la lluvia era más fuerte, y al menos yo, me empapé por completo las zapatillas desgraciadas, así que al final ya ni siquiera miraba donde pisaba, porque la calzada irregular estaba llena de posas que ya ni podíamos sortear. Entramos a una iglesia como ultima esperanza, mientras la lluvia y el viento helado hacían de las suyas afuera, y nos sentamos como dos pollos mojados muertos de frío a esperar que la tempestad se calmara. Pero no se calmó, el Roberto se aburrió y me dijo que nos fuéramos así no más al hostal, lugar donde ni siquiera podíamos cambiarnos de ropa o algo porque ya habíamos hecho check out y nuestras cosas estaban en un cuartucho de maletas.
El día de la tormenta
Lloviendo aun, salimos, caminamos todo lo que habia que caminar hasta el hostal y aunque llegamos casi sin lluvia, el roberto tenía empapado el pantalon de las rodillas hacia abajo y los zapatos, mis zapatillas estaban inservibles y mis calzas no estaban tan mojadas porque se habían ido secando en el camino, pero el Roberto tenía zapatos de repuesto así que se lo cambió en el cuartucho de las maletas, pero yo la única opción que tenía era ponerme hawaianas en un clima frío de mierda o usar mi alisador de pelo para intentar secar las zapatillas, así que opté por lo segundo, y pobremente conecté el aparato y le hice salir una enorme cantidad de vapor a las zapatillas que bajo ningún punto quedaron completamente secas.
Me fui con la misma sensación que me dejó Morelia en México, o Toledo en España. Como si hubiese ido allí antes, como si tuviese que volver pronto.

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2014: Bratislava

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En Bratislava estuvimos sólo un día, ya que fuimos para aprovechar la cercanía que tiene Viena de esta capital, pero varias cosas fueron las que terminaron sucediendo en el transcurso de esas cuantas horas.
Primero, el tipo que nos vendió las entradas para el concierto de música clásica en Viena nos dijo que Bratislava no era muy bonito y que tampoco había mucho que hacer, por lo que nos recomendó volver antes de la hora que teníamos prevista para poder alcanzar el famoso concierto ese. Fatal error, pero qué íbamos a saber nosotros de que estaba diciendo puras tonterías.
Segundo, cuando llegamos, una chica muy amable nos ofreció un tour por la ciudad en esos típicos buses rojos por 10 euros o algo así, lo que aceptamos porque no teníamos ni idea donde estábamos parados y tampoco teníamos mapa, pero luego de recorrer un poco de la ciudad y bajar a ver el castillo, el famoso tour nos abandonó. Sí, ¡nos abandonó! caminamos en vano buscándolos, pero los malditos nos dejaron ahí y se fueron sin nosotros. Y pagamos 10 euros para eso.
En el castillo
Nos enojamos, pero después nos reímos, porque ya no había nada que hacer, por lo que decidimos entrar al castillo, que era bastante interesante a pesar de que estaba casi completamente reconstruido, además de tener una muy buena vista de la ciudad. Dentro subimos escaleras un poco eternas y estrechas, además, una señora me retó por no se qué cosa hice en el museo, pero eso parece ser una costumbre en mí.
A partir de allí, sin mapa, seguimos las indicaciones que llevaban al centro de la ciudad, pero antes nos sentamos en las escaleras de una casa y nos comimos lo que llevábamos en la calle, lugar desde donde vimos a una persona pedaleando con rapidez en su bicicleta, lo que parecía un movimiento inútil ante la lentitud que llevaba. Nos reímos ante su absurdo, pero también nosotros lo estábamos siendo.
Luego de eso pasamos por una especie de feria medieval que me hizo empezar a sentir que de repente iban a llegar los caballeros de alguna época desfasada para ir a luchar a una guerra tipo El Señor de los Anillos.
Ruinas frente al castillo
Vimos la catedral pero no pudimos entrar porque alguien se iba a a casar, persona que vimos posteriormente y que de lejos parecía travesti. Sí, en Bratislava nos burlamos bastante de situaciones absurdas.
Cuando llegamos a la plaza principal me encontré con esas esculturas en las calles sobre las que había leído en internet, pero no las encontré todas lamentablemente.
Seguimos caminando hasta una feria artesanal donde habían muchos adornos de brujitas que sobrepasaban mi presupuesto, y guiándonos por nuestros oídos, llegamos hasta un edificio abierto en donde una abuelita estaba tocando el piano en la calle. Tocaba hermoso, y la gente se sentaba en un restaurant cercano para escucharla, pero cuando llegaba los meseros a ofrecer la carta, le decían que sólo estaban ahí para escuchar a la abuelita.
El tiempo pasaba rápido, y cuando ya era de tarde, recien encontramos la oficina de turismo, la que solo nos sirvió para que nos indicara cómo llegar al terminal donde pasaban los buses hacia Viena, dandonos cuenta ahí, que en realidad pagar ese tour  en la mañana había sido completamente inútil, porque todo era muy caminable.
Antes de irnos nos sentamos a beber una cerveza. Había una que ni siquiera podíamos pronunciar, por lo que cuando llegó el mesero se la indicamos con el dedo, y él la pronunció tan extrañamente que nos morimos de la risa otra vez.
Cervezas eslovacas
Cuando llegó con las dos, cada quien eligió una, porque en realidad pedimos marcas de las que no teníamos idea, siendo nuestra intención probar cerveza local, pero a mi amigo le tocó la agradable cerveza que tenía olor a nada mas y nada menos ¡que a mierda! una verdadera exquisitez, aunque igual se la terminó tomando toda.
Algo de efecto me hizo, y caminamos hasta el terminal con ganas de haber podido visitar un poco más profundamente la ciudad.

2014: Bruselas

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Bruselas, como capital de un país que tenía muchas, pero muchas ganas de visitar, también se ganó un lugar especial en ese viaje, ya que es de esos lugares en los que no se encuentra lo típico, sino que es un poco desordenado, a veces sucio, un poco loco, con energías bastante distintas a ciudades como París o Londres.
Durante nuestra estadía llovió, y mucho, pero recuerdo que fuimos muy felices corriendo bajo la lluvia, por lo que no fue un inconveniente bajo ningún punto de vista, sino que le agregó un pequeño obstáculo adicional que al final terminamos disfrutando.
Pero lo primero es lo primero, la llegada: siempre desorientados, los buses nos dejaban en cualquier parte porque como creo que ya he comentado, no parece ser un medio de transporte muy popular, y bajándonos en la estación de tren, no teníamos idea por donde caminar para llegar a nuestro hostal.
Le pedimos ayuda a un señor que a pesar de ser muy amable nos confundió aun más porque al parecer no tenía idea de las calles, pero la intención es lo que cuenta, sobre todo porque estábamos a unas simples cuadras del hostal y no nos costó demasiado llegar.
Calles húmedas
Lo primero que hicimos fue recorrer la plaza principal, imponente, con mucha vida, y luego ir a comer, pasando por calles en donde el olor a pescados y mariscos no nos fue agradable a ninguno de los dos. Pero las calles pequeñas y los locales amontonados fueron de mi completo agrado, me sentí parte de allí fácilmente.
Al día siguiente salimos con lluviay nos levantamos tarde,  porque nos habíamos ido de fiesta, primero al barrio gay donde había un par de travestis. Muchos se sacaban fotos con ellos, los que le agarraban sus partes intimas cuando la cámara hacía "click", bastante gracioso. Luego fuimos a "Celtica", lugar que me gustó bastante porque en el primer piso había rock y en el segundo una típica pista de discoteca con música pop.
Me parece que fuimos directo a almorzar, y como en nuestro mapa salía que una de las cosas típicas de allí era comer papas fritas con no se qué mas que yo no podía comer por mi vegetarianismo, fuimos al local más famoso para saciar nuestra hambre. Hicimos la fila y nos atendieron hombres bastante lúdicos, parecían alegres y positivos, lo que me causó algo de risa, pero cuando nos sentamos, al aire libre, se puso a llover otra vez. Las papas me parecieron como pasadas de aceite y luego me enteré que allá es típico freírlas con grasa animal, por lo que casi me morí de la repulsión.
Caminamos en busca de las atracciones turísticas, viendo el Manneken Pis, el que tiene esa leyenda que mi amigo creyó que estaba inventando, pero en general, en Bruselas no nos fue muy bien con el
Catedral de Bratislava
mapa, así que decidimos caminar sin rumbo, llegando a una parte de la ciudad que era más moderna y que no parecía con mucho que hacer, por lo que intentamos devolvernos, pero nos perdimos otra vez. Habría sido muy fácil tomar el metro, pero no queríamos gastar ese dinero entre nuestra miseria, y en medio de la lluvia, llegamos a un parque de diversiones instalado en un parque, el que recorrimos un rato miserablemente, porque tampoco podíamos gastar dinero para subirnos a alguno :( jajaa. Ya de vuelta, mi amigo encontró el camino correcto para regresar, pero la lluvia ya no era simple lluvia, sino que un temporal con gotas gruesas que caían con alevosía, dejándonos un poco menos que empapados.
Nos refugiamos bajo las orillas de los techos de los edificios, pero no parecía que iba a parar, por lo que caminamos mojándonos y cantando (como siempre) bajo la lluvia. Lo pasamos bien, no puedo negarlo, aunque mi falta de cambio de zapatos me pasó la cuenta.
Ya cuando la lluvia se detuvo salimos otra vez, caminando sin rumbo nuevamente, porque la verdad, no teníamos el presupuesto como para entrar a nada que exigiera una entrada, pero luego buscamos la catedral de Bruselas, a la que no pudimos entrar porque estaba cerrada.
En el centro comimos otra de las cosas típicas de Bruselas: los waffles. Encontramos un lugar donde los vendían a 1 euro, por lo que hicimos la fila con harto entusiasmo, pero las tipas no nos atendían, conversaban y seguían haciendo masas, pero de atender nada. Nos molestamos y decidimos ir a otro sitio, pero todos los demás eran el doble o más de caros, por lo que con la cola entre las piernas, tuvimos que volver allí para cuidar el bolsillo.
Waffles exagerados
Primero fue rico, pero luego me terminé sintiendo como una cerda, tanto porque ya no podía comer más como por mi manera terrible de comerlo al no tener la practica con esa cucharita enana para un waffle tan cerdo como ese. Los demás se lo comían con toda naturalidad, pero para nosotros fue todo un reto comerlo sin desparramar todo y convertirlo en una masa extraña.
Siguiendo en ese mismo rumbo, llegamos hasta un festival de música tipo Lollapalooza, el que se desarrollaba en diferentes puntos de la ciudad, con escenarios en los sitios más curiosos. Tampoco entramos, pero esta vez ya no por dinero, porque aunque lo hubiéramos tenido, yo solo conocía a uno de los que se estaban presentando.
Al otro día partimos a Brujas, yendo nuevamente a la estación donde nos había dejado el bus, pero esta vez para verdaderamente tomar le tren.

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2014: Berlín

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A Berlín llegamos de noche, otra vez a un lugar alejado del centro y con miles de lineas de colores en un metro que se enlazaba con los trenes y del que no entendíamos nada. Pero Berlín es así, o lo entiendes, o no te gusta, como le pasó a mi amigo, al que evidentemente no le pareció muy lindo, o al menos no se convirtió en su lugar favorito.
La puerta impresionante
Como muchos otros lugares, habían sitios en reparación, pero esta vez era una reparación-construcción-renovación exagerada, lo que al menos para mi no le quitó el encanto, y es que me pareció una ciudad super diferente a lo demás que te puedes encontrar el Europa, con tanta cultura alternativa, locura, historia, estilo, fabricas, y un sin fin de cosas que parecen ser antagónicas hasta que el chip de tu cerebro hace "¡paf!" y entiende que todo eso junto y mezclado debía llamarse Berlín y uno está ahí para interactuar con todo lo que ofrece.
Dentro de lo poco que estuvimos (realmente me arrepentí de ir tan poco, ya que cuando se busca información en internet, lo más interesante de Berlín, su vibra, por supuesto que no se puede captar) visitamos todo lo que pudimos, incluyendo largas filas y a veces decidiendo no entrar por falta de dinero ante unas entradas que para nuestro sudamericano bolsillo eran demasiado caras.
Uno de los sitios que más me impresionó fue el museo de Pérgamo, donde está la increíble e imponente puerta de Ishtar, la que a pesar de que no se pudo reconstruir completamente debido a las dimensiones arquitectónicas del museo, sigue siendo completamente impresionante, trasladándote a una época y lugar que no tienen mucho que ver con Berlín, pero sí con sus arqueólogos aventureros que creyeron que lo mejor sería trasladar esa y otras edificaciones hasta Berlín para su mejor conservación. No sé hasta qué punto estoy de acuerdo con ese actuar, pero de que impresiona que esté allí, impresiona.
La catedral de Berlín
La catedral de Berlín es otra de sus visitas obligadas que me dejó con un sabor dulce. A pesar de que de religiosa ni creyente no tengo nada, tengo un gusto especial por las iglesias, y la de esta ciudad se ganó un espacio entre las que más me han gustado, tal vez por su protestantismo que la hace tener ciertas características especiales, y por la pieza de Bach que justamente empezaron a tocar cuando nos sentamos.
Por la Puerta de Brandeburgo pasamos quizás muy rápido para mi gusto, pero hacía demasiado calor y estábamos cansados, como la mayoría de las veces que nos proponíamos caminar hacia algún lugar. Quería volver al atardecer, pero nunca lo hicimos, porque lo pasamos junto al río cerca de la parte del muro de Berlín donde se puede encontrar multiplicidad de graffitis, lo que valió bastante la pena.
Muro de Berlín
Por otra parte, el monumento al holocausto me pareció interesante en cuanto a su capacidad de hacerte encontrar contigo mismo en un sitio que está en medio de la ciudad, pero que te traslada a ciertas reflexiones que prefiero no plasmar aquí.
No fue lo único que visitamos, pero fue lo que más me quedó en la retina, junto con ese caminar hacia el muro donde la vibra alternativa se respiraba en una capital Europea que no parece tan europea, lo que puede tanto desencantar o invitar a volver al visitante. Demás está decir que yo soy de ese segundo grupo.


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