2007: México D.F., primeras impresiones del viaje iniciático
Publicado por Susanei ,
Tenía 15 años cuando partí, con lagrimas incluidas y toda la parafernalia propia del primer viaje que puede hacer alguien al extranjero: compañeros de curso con carteles, familia nerviosa y encima de todo televisión, ya que estaba viajando gracias a la Ruta Quetzal (ahora mal llamada Ruta BBVA) y de mi país iba un par de periodistas a hacer un reportaje sobre nuestro viaje de tales características inusuales.
Lo primero es lo primero, el avión... creo que nunca me volví a sentir más cómoda en alguna ocasión arriba de un avión (sobre todo porque con el tiempo me terminó por dar fobia) pero lo cierto es que para mi en ese momento era un bus grande que se movía menos y era mucho más entretenido, desde las comidas hasta las películas, revistas, audífonos y todo lo que se puede encontrar en uno de esos malditos aparatos.
Me senté con una compatriota que ya había pasado por la experiencia del avión y que me contaba cómo para ella era tan normal volar... lo cierto es que con mis compañeras de viaje chilenas nunca me logré llevar bien. Nuestras esencias eran demasiado diferentes como para congeniar en algún punto, pero lo bueno es que con los años al menos se convirtió en una relación de cordialidad. Con los hombres fue totalmente diferente, muy buena conexión.
El llegar a México fue extraño, ya que a pesar de que estaba tan lejos de mi hogar, sentía que seguía estando en el mismo punto. Siempre había pensado que llegando a otro país se sentiría "un algo" diferente que te hiciera sentir en tal o cual parte, pero ese "algo" nunca llegó y yo me seguía sintiendo en Chile.
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| En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México |
En el aeropuerto tuvimos que esperar varias horas por los vuelos de los chicos de otros países, pero yo estaba tan embelesada por estar viviendo al fin todo lo que había imaginado durante meses desde que había empezado a hacer el trabajo para ganar el concurso, que esas horas inclusive fueron emocionantes, sobre todo cuando vi a la primera chica mexicana que era monitora de apoyo y rutera de algún año anterior que estaba encargada de recibirnos.
Llegamos junto con los argentinos para pasar por aduana, y entre los chicos que nos tenían que recibir, apostaron en quién saldría primero, Argentina o Chile, y bueno, ganó argentina.
De pronto ya estaba en un bus que nos llevaría al primer campamento. En ese bus me senté con los paraguayos, y no tengo ningún otro recuerdo de ellos a los largo de los otros días. Uno de pelo largo me preguntó si conocía cual era la capital de Paraguay. Yo la sabía, pero no alcancé a responderle y él me dijo algo como "es natural que no la conozcas, ¡si nadie en el mundo conoce Paraguay!" luego de eso entre ellos tuvieron una interesante discusión de porqué supuestamente Paraguay no era conocido.
Para ser sincera, por mucho que me había informado sobre los lugares a visitar, yo nunca tuve consciencia real de dónde estábamos, ya que era tarea del equipo organizador hacer todo eso que uno acostumbra a preparar antes de partir a un viaje, ya sea el alojamiento, la comida o el itinerario, por lo tanto nunca supe dónde estaba el emplazado nuestro campamento en México D.F. Para mi más que el país, era vivir la experiencia de la Ruta Quetzal, algo que se quebró un poco el primer momento en que llegamos al lugar cerca de las 3 de la madrugada teniendo que armar recién nuestras carpas... (o tiendas, como le dijimos durante el viaje debido a la mayoría de españoles) nunca en mi vida había armado una, y encima de todo por esa primera noche me había tocado dormir con las dos chilenas con las que no me sentía cómoda.
Esos primeros días fueron extraños, de conocer gente, probar, probar y probar encajar. Había leído tanto sobre las amistades ruteras que duraban para toda la vida que creí que era llegar y ser amiga de todos para siempre, pero eso jamás podría ser así, porque ni en mi vida cotidiana soy de tantos amigos, por lo tanto, en esos primeros días que estuvimos en el D.F. el animo se me fue complicando, sobre todo por el ritmo tan extremadamente rápido al que no estaba acostumbrada.
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| Ruteros en el acueducto de Zempoala |
En fin, el primer día llegó mi primera decepción (que conste que este fue un viaje realmente estupendo, lleno de alegría y experiencias increíbles, pero más adelante jajaja. Estos primeros días son tal como los estoy describiendo, ya que estaba algo descolocada dentro de lo que estaba viviendo) como aun estaba todo muy desorganizado y faltaba gente por llegar, nos dividieron en dos grupos: unos irían a Teotihuacan y otros al acueducto de Zempoala... ¡¡siempre había soñado con ir a Teotihuacan pero me tocó el otro grupo!! estaba tan decepcionada, pero me contenté como pude, después de todo daba gracias por estar ahí estuviera lo que estuviera conociendo. Mientras lo recorrimos cayó una pequeña lluvia que me alegró, aunque ahí me di cuenta que el impermeable que me habían dado tenía una abertura por alguna parte y que estaba igual de húmeda con o sin él.
La segunda noche nos dividieron en los grupos definitivos con los que seguiríamos el resto del viaje. Yo era del grupo 1, y me tocó de monitora a Almudena, una española que a primera vista, realmente me pareció dura como un roble. Nunca olvidaré el día que se me olvidó mi cámara en la carpa y que no me dejó ir a buscarla porque podía retrasar al grupo siendo que mi carpa estaba realmente, pero realmente cerca, quedándome sin fotos por ese día. Como tampoco olvidaré esa segunda noche en donde nos debíamos ir a las carpas con mis otras dos compañeras de forma muy caótica y express, y yo salí con las 2 mochilas, mas traje típico, mas esterilla y saco colgando en la mano porque no lo logré meter a la funda de ninguna de las formas posibles, y ella lo tomó y simplemente lo metió con fuerza (sin doblarlo como lo estaba haciendo yo inútilmente) después lo aplastó sentándose en él y quedó tan pequeño como nunca más lo pude volver a hacer. Sólo con el tiempo la comprendería, pero eso es otra historia.
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| En el Museo Nacional de Antropología |
Una vez que ya nos habían asignado las carpas que de ahí en adelante se convertiría en nuestra casa, Almudena nos reunió en un circulo y nos hizo presentarnos. Cuando la chica de estonia dijo su nombre, Maarja (pronunciado en español algo como maária) nuestra monitora no lo podía pronunciar y ella se enfadó y le pseudo gritó la forma correcta. Eso me dio ente risa y estremecimiento. Cada quien con sus costumbres, sus modos de ser, sus parámetros de lo correcto e incorrecto al ser de culturas tan diferentes, y encima, adolescentes. Ahora me pongo en el lugar de mi monitora y me imagino lo difícil que quizás fue para ella lidiar con tanta adolescente junta.
Al otro día nos llevaron al Rancho de Charro, donde vimos un espectáculo prácticamente para nosotros. Un rutero mexicano se robó el show con su lazo, y me sentí un poco más en México, pero lo realmente relevante sucedió al día siguiente, cuando nos llevaron al Museo Nacional de Antropología (¡¡qué daría por volver a visitarlo!!) y conocí a la mexicana que sería mi gran gran amiga durante el resto del viaje: Ana.
¿Y producto de qué nació esa amistad? al descubrir que a ambas nos gustaba la animación japonesa :) qué recuerdo tan dulce tengo de ese momento, de conocer a una persona con un acento tan agradable y que encima de todo le gustara lo mismo que a mi. Ese fue el comienzo de un viaje aparte, el viaje de una amistad con una chica que lamentablemente nunca he logrado volver a ver.
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| En una de las tantas fiestas |
Lo siguiente que recuerdo es la fiesta que nos ofrecieron en la embajada, donde empezamos a escuchar "el mariachi loco", canción que siempre me recodará a este viaje. Hubo baile, mucha comida, una de las muchas fiestas que nos ofrecieron en el país. Fueron tantas fiestas las que nos ofrecieron, que ruteros de años anteriores nos decían que la nuestra había sido la ruta más fácil de la historia, la ruta de las fiestas. Yo no lo creo tan cierto, pero aun así, de esa fiesta de la embajada, nos pasamos a otra de Bancomer donde hasta pudimos apostar con dinero falso.
El resto de los días en México D.F. no los recuerdo con gran claridad. Sólo sé que me impresionaron las ruinas en medio del centro histórico, lo gigantesco de las catedrales, una especie de mercado en donde nos advirtieron que habían muchas posibilidades de que nos robaran y tuvimos que ponernos las mochilas hacia adelante, más fiestas y por primera vez en mi vida lluvia sin frío. Siempre había querido vivirlo, así que las lluvias siempre me pusieron contenta.
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| Recorriendo el centro histórico de la ciudad |
Y ese fue mi paso por la primera ciudad extranjera que conocí. Con muchos sentimientos encontrados, llena de extraños que se convirtieron en gente que siempre estaré añorando ver, lejos de la familia y casi sin posibilidad de contactarlos, lejos pero llena de energía. Viajar era lo mío, pero en ese momento aun no me había dado cuenta al 100%.






