2014: Cartagena de Indias

Publicado por Susanei ,

Cartagena fue mi sueño durante el tiempo necesario como para llegar al punto de sufrir por verlo como un lugar muy lejano y cercano a la vez. Cercano porque claro, "solo" está en Sudamérica, no es comparable con otros destinos orientales o polinesios, pero igualmente está muy lejos de mi lugar de residencia, y muy lejos se veía en ese viaje también, a pesar de que con Marle siempre quisimos llegar a Colombia, pero no estábamos seguras de poder ir hasta allí ni siquiera cuando estábamos en Medellin, hasta que la mamá de Mari nos dijo que nos regalaba los pasajes. ¡Nunca terminaré de darle las gracias! no sólo por ese asunto que en el fondo es monetario, sino que por como nos trató en general, fue una verdadera madre para nosotras, ¡un amor de persona!
En fin, llegamos a Cartagena luego de un vuelo al que le tuve un poco de recelo, porque en ese entonces le seguía teniendo miedo a los vuelos luego de mi trauma de Brasil, y luego de esperar un poco, Caro nos fue a buscar en el automóvil de su mejor amiga.
A Caro no la veía desde que ella había venido a Chile en el 2012, por lo que reencontrarnos otra vez, al igual que lo había sido con Mari y Marle, fue un verdadero gozo para el corazón.
Esa noche su amiga nos explicó mucho de lo que era Cartagena, mientras yo iba sumida en la ensoñación de esas hermosas calles. Realmente la ciudad es una joya, muy viva, bella por todos sus rincones, con vallenato por doquier, música que sinceramente me hizo sentir la ciudad en la propia ciudad en la piel.
Hacía calor, pero no era tanto como me lo habían contado, aunque quizás después de haber vivido en Sevilla el concepto de "mucho calor" cambió un poco para mi, pero tampoco era un clima tan agradable como el de Medellín.
Cartagena fue símbolo de muchos momentos de felicidad, de caminatas nocturnas, de visitas a pleno sol, de costanera, de museos, café Juan Valdéz, discotecas y también prostitución.
Recuerdo un momento en que estaban obligando a una muchacha de no mas de trece años a irse con un viejo, y sentir esa impotencia y asco y ganas de ir y hacer un show y de defenderla, pero luego sentirse miserable porque en realidad esos deseos son imposibles, sobre todo en un país extranjero, donde ello parecer ser una tónica normal a los ojos de la policía y de quién sea.
(continua)

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