2012: Versalles

Publicado por Susanei ,


Cosa curiosa, de Versalles saqué casi la misma cantidad de fotos que en todos los días que estuvimos en Paris. Y es que Versalles es entrar a otro mundo, uno que sólo pocas personas han vivido a lo largo de los siglos.
Para llegar a Versalles tomamos el tren en una estación no muy linda, pero el tren era cómodo y eficiente. Nos bajamos con un mar de gente que iba en nuestra misma dirección, por supuesto, todos turistas ansiosos por entrar a las que fueron las dependencias de Maria Antonieta.
Nos pusimos en una fila para comprar la entrada, pero por alguna razón nosotras no debíamos hacer la fila y perdimos al menos media hora. Eran filas realmente enormes, tanto para comprar la entrada como para entrar, así que es completamente recomendable comprarla de forma anticipada.

Mucha gente
Pero el entrar y empezar a observar los salones, toda la espera eterna de la fila se desvaneció, y la suntuosidad en algunos salones extrema, te sumen en una atmósfera de hechos que nunca volverán a ser igual, no tanto por melancolía de un Luis XVI destrozado ni de una corte extinta, sino porque había tanta, pero tanta gente, que a pesar de la genialidad arquitectónica y decorativa del palacio, me parecía que estaba dentro de un juego de vídeo donde el que lograba sacarse una foto sin que otra persona se cruzara encima ganaba. No se si ese día se sobrevendió o si siempre será así, pero fue realmente sofocante.
Supongo que no recorrimos todas las estancias, porque de pronto nos encontramos en la parte trasera y fue una liberación. El espacio se abría en una inmensidad de la que la cantidad de gente del día no lograba apoderarse, y pudimos respirar y sonreír, sobre todo porque lo que estaba frente a nosotros eran nada mas y nada menos que los famosos jardines de Versalles.
Para pasar había que hacer otra fila, esta vez corta y fugaz, por lo que desde la entrada todo fue mejor.
No nos imaginamos lo grande que era, así que la primera parte la hicimos con una suma calma que después lamentamos, pero le pude dar comida en el pico a los patitos, me retó un guardia y nos sacamos muchas fotos mientras íbamos descubriendo un rincón tras otro. En algunos lugares parecía que estábamos solas, lo que era magnifico.
Cuando llegamos a las dependencias de María Antonieta, quedé embelesada con las casitas allí construidas. Parecían sacadas directamente de un cuento y hechas realidad a partir de un sueño de reyes y plebeyos. Además había un sol tibio, y animalitos y peces por todas partes, lo que le daba vida al lugar en vez de parecer un pueblo fantasma que nunca más se volverá a habitar.
Casita de cuento
Nos sentamos por ahí en uno de esos pastos, mientras Nicole me enseñaba las diferencias entre this, that, those y these jajaja, y nos relajamos un poquito ahí, hablando tonterías y comentando sobre nuestros próximos pasos. Nicole fue una gran compañera de viaje.
Para despedir el día, cuando llegamos a la estación de trenes para volver a París, vimos una cosa curiosa: mucha gente se subía sin pagar, ya que para entrar, al meter el boleto las puertas se abren durante unos segundos y luego se vuelven a cerrar, entonces lo que hacían era pegarse a una persona que había pagado y pasar gratis.
El pasaje no era barato, y ahorrarse unos euros en esos momentos de pobreza sería lo mejor, así que con un poco de adrenalina nos atrevimos y nos pegamos a alguien también. Lo que no previmos fue que habrían inspectores en el vagón, pero nos hicimos las dormidas y no nos dieron ninguna multa.
Volvería diez mil un veces, sin pensarlo, aunque tal vez pagando el tren ida y vuelta jajaja.

>Soundtrack: