2014: La Paz

Publicado por Susanei ,


Una de las cosas buenas de los viajes, son los amigos. Esos amigos momentáneos, esos que te ayudan en cosas fugaces, esos que sabes que nunca volverás a ver, y hasta esos de los que olvidaste sus nombres pero que en algún momento significaron algo importante, y por supuesto, esos que sabes que tendrás toda la vida sin importar si hablas a diario o no, y Marle es de esos últimos, de esos amigos incondicionales que adorarías tener en tu vida diaria.
La Paz para mi, de alguna forma siempre me recordará a Marle, a la hospitalidad de su familia y a estar eternamente agradecida de conocer a alguien como ella.
Las casitas pintorescas
Allí fue donde comenzó nuestro tremendo y largo viaje por Sudamérica, en el que llegamos hasta Santa Marta en Colombia y que duró casi dos meses.
Gracias a la vida, pude conocer realmente la paz en el 2014, ya que la vez anterior fue bastante extraño y la verdad estaba preocupada de cualquier cosa excepto de La Paz en si misma, porque como estábamos sumidas en un viaje que no manejábamos nosotras, la situación era muy diferente.
Esta vez, mi guía turística era de primer nivel, nos explicó tantas cosas en los museos e iglesias que me sentí realmente orgullosa de tener una amiga así en otro rincón del mundo, alguien que ama a su país y que sabe interpretar todas las manifestaciones culturales que Bolivia tiene.
Pero no todo fue cultura tradicional, porque también vivimos cultura alcohólica jajaja ¡tomamos una cerveza con demasiado grados alcohol! en un bar muy bonito.
También visitamos esas ferias que tanto me gusta recorrer, llenas de colores, de calles irregulares, de gente humilde ganándose la vida, de cholitas por doquier, ¡de tiendas exclusivas para cholitas! una de las cosas que solo se puede ver en Bolivia, como también esos fetos de animalitos (pobrecitos) de tanto menjunje extraño, de hechizos y creencias en yerbas mágicas y talismanes de colores, con olores penetrantes que a veces me costaba un poco digerir (cosa que se dio porque yo soy anti-olores total, odio hasta los perfumes) de comidas callejeras, y de nosotras mezclándonos con la gente.
En el bar!
Otro motivo por el que me gustó mucho ir a La Paz en esa fecha y momento del año, es porque en Chile y en muchos otro lugares, los que hemos ido a La Paz tenemos esa idea de pintoresco y completamente diferente a cualquier ciudad tradicional de Sudamérica, y en ello, juega -o jugaba- un papel fundamental el transporte público, en el que esos furgones llevan a un montón de gente apretada en unos asientos en los que apenas caben tus rodillas al son de una música bailable de fondo. Eso le da un toque especial a la ciudad, y al viaje total, ya que uno que está acostumbrado a otro tipo de transporte, le parece especial y parte importante de la ciudad de La Paz, pero Marle, muy feliz, me contó que cambiarían toda esa forma de transporte. Claro, para los habitantes de allí debe ser maravilloso, pero para uno,que lo ve desde afuera, no es tan positivo, porque parte de ese caos que caracteriza a La Paz en muchos sentidos, se perderá para siempre.
Tampoco alcancé a vivir el teleférico, y de alguna forma, me hace feliz no haberlo subido.
Al menos por un tiempo, quiero recordar a La Paz sin tanto progreso, a La Paz que me impresionó en el 2008 al bajar del Aeropuerto y a La Paz que me volvió a recibir tan bien seis años después.

>Soundtrack: