2012: Ciudad del Vaticano

Publicado por Susanei ,



No recuerdo exactamente porqué, pero para ir a Ciudad del Vaticano no madrugué ni hice un esfuerzo mayor por levantarme temprano, lo que ahora me parece curioso para un lugar de esa envergadura.
Nos demoramos un poco en llegar con los chicos, nos sacamos unas fotos en la plaza de San Pedro y luego nos dimos cuenta que la fila para entrar era una de las más interminables que he visto. Mucha, mucha gente intentando pagar su entrada, porque tampoco la habíamos comprado, y a pleno sol, en unos días tan calurosos que te daban ganas de morir (había una ola de calor africano que dejó hasta un par de muertos)
Moda vaticana
Cuando llegué al primer control me encontré con la primera sorpresa: mi ropa no era la adecuada para entrar, porque tenía descubiertos los hombros y las rodillas... sí, fue tonto de mi parte no haberme informado sobre el asunto, ¡pero es que nunca me imaginé una prohibición así!
Junto conmigo habían varias otras mujeres terriblemente "pecadoras" con ropas indecentes que intentaban entrar, ya que nos iban dejando a un lado hasta que encontraramos una solución. Uno de mis compañeros me fue a comprar un pañuelo, pero a mi se me ocurrió ocupar mi chaleco en las piernas y mi polera en los hombros, ya que por suerte y gracia del espíritu santo andaba con una doble, así que problema solucionado, lista para pagar la entrada y hacer otra cola más, como en la mayoría de monumentos importantes.
Primero subimos a la cúpula de San Pedro, yo con mis ropas infernales y con un calor de muerte. Para llegar hasta arriba los escalones son muchos, pero no recuerdo sentirme especialmente cansada, ya que había tanta gente en un pasillo tan estrecho que apenas cabía una persona, y de lado, por lo que se daba un paso y tenías que esperar 30 segundos para subir el siguiente escalón, así que nos demoramos muchísimo más de lo presupuestado. Aun así valió completamente la pena, con unas vistas de la plaza de San Pedro impresionantes, y de Roma en general también.
Allí descansamos un poco a la sombra de la piedra fría y luego nos dispusimos a bajar con más calma que la que debíamos para conocer la basílica por abajo e ir a la Capilla Sixtina. Creo que fuimos bastante ignorantes en los sentidos prácticos, tanto con lo de la ropa como con los horarios, ya que no teníamos idea que cerraban tan temprano.
Camino a la Capilla Sixtina pasamos por varios salones grandiosos que no pude disfrutar porque caminábamos demasiado rápido para que no nos pillara la hora de salida, hasta que llegamos a ella al fin.
No se si es redundancia en los relatos decir esto, pero estaba LLENO de gente, extremadamente lleno, tan así que no pude sentir la vibra que esperar sentir dentro del lugar. Repetidamente se pedía silencio, pero estaba lleno de murmullos, y las fotos estaban terminantemente prohibidas, porque en muchos lugares solo dicen que están prohibidas pero no hacen nada, pero ahí era diferente, la guardia suiza te confiscaba la cámara y de verdad borraba la foto.
El pecado de los hombros descubiertos
Aun así aproveché el tumulto y me saque un par de fotos, de horrible calidad, pero fotos al fin y al cabo. Uno de mis compañeros se sacó un par también, y como nadie lo vio, aprovechó para sacarse más y más y más hasta que llegó un guardia suizo y tuvo que borrarlo todo. Una lastima.
Luego de eso, íbamos a dar la vuelta para ver lo que no alcanzamos a apreciar en los otros salones, pero nos dijeron que no porque ya iban a cerrar, así que solo pudimos seguir andando hacia la salida. Me pareció corto, pero era todo lo que más quería ver así que me fui contenta, pensando en cuándo sería que regresaría.
Terminamos con un hambre terrible, así que nos sentamos en el restaurant más cercano. Yo pedí pizza y mis compañeros pasta, la que no les gustó, pero yo quedé encantada. Comer era lo ultimo para hacer de ese día, uno de completa felicidad.

> Soundtrack: