2012: Paris

Publicado por Susanei ,

París, París, París... ay, para mi fue exactamente todo lo que se sueña y proyecta cuando nos imaginamos el concepto de "viaje" como un hecho idílico, poco frecuente y que probablemente nunca vuelva a ocurrir. Muy pocos días para todo lo que hay que ver, pero aun así quedé fascinada, o un poquito más que eso.
Cada viaje tiene su inconveniente, siendo en este caso el aeropuerto secundario al que llegamos, ya que no teníamos idea qué tan secundario era, demorándonos mucho en llegar al centro de la ciudad, además de pagar un pasaje tan caro como el que nos había llevado de Barcelona a París.
Cuando nos bajamos recuerdo a Nicole tomándome del brazo y diciéndome "¡¡estamos en Pariiiiiis!!" nos miramos y gritamos como dos locas en una calle, no lo podríamos creer, al fin pisábamos la ciudad de ensueño, y puede parecer que exagero, pero era una felicidad inexplicable, ya que todo se lo llevó lo irracional. En esa calle resultó estar la parte de atrás del Louvre, pero primero decidimos comer, llegando mágicamente a un lugar barato dentro de todo, recomendado para viajeros con poco presupuesto. Nos preguntaron dónde habíamos conocido el lugar, pero nosotras simplemente habíamos llegado, y comimos no sé qué, pero estaba delicioso porque estábamos en París. Fue uno de los almuerzos más felices.
La libertad guiando al pueblo
Ese primer día al completo lo dedicamos al Louvre. Pagamos 10 euros sólo por desinformación porque pudimos entrar gratis, y nos dispusimos a contemplar la colección que todo estudiante de historia del arte debería ver. Prácticamente todo lo que había estado estudiando estaba ahí frente a mí, por lo que la emoción era cada vez más grande en vez de ir cesando. Entraba a uno y otro salón y el corazón me latía y sonreía, y si hubiera podido gritar y revolcarme como posesa en el suelo lo habría hecho. Las fotos estaban prohibidas, pero por supuesto que me saqué muchas entre toda mi euforia.
Pero nos cansamos, y mucho, lo suficiente como para caer rendidas en los asientos cada cierto tiempo, y lo suficiente también como para que Nicole no se diera cuenta y perdiera su cámara en el museo. Preguntamos varias veces en recepción pero nadie la fue a dejar, así que ese fue el punto amargo del día grandioso.
Nos quedamos en el departamento de la novia de un chileno que estaba de intercambio también en Sevilla, la que nos recibió con mucha mucha amabilidad, me cayó excelente, y nos dio todo lo que nos podía dar.
El departamento era pequeño, como en un altillo, con una vista muy buena. Pero lo que más me llamó la atención fue que era un edificio que estaba detrás o dentro de otro, o sea, para entrar debías poner una clave en el edificio relativamente moderno que daba directamente a la calle, pero no era ese el edificio, sino que había que pasar a una especie de "patio trasero" guardando las proporciones, y entrar al que era más anticuado. Me dio la impresión que antiguamente había sido el edificio de los empleados, contando además que el baño estaba afuera y era de uso común con la demás gente del mismo piso (recuerdo a una francesa diciéndole a Javiera que debían mantener la limpieza común) y que habían varios lavamanos en los pasillos, aunque claramente ya no se usaban.
Al otro día recorrimos un poco las calles y fuimos hasta Notre Dame, la que si no tuviera tanta historia y leyendas, no me habría parecido tan impresionante, sobre todo al haber estado viviendo en Sevilla y al venir directamente de Barcelona.
Afuera de la iglesia había un señor que hacía que las palomas se pararan en tu mano. A Nicole le dio asco pero a mi me encantó, y aunque no pude hacer que una se parara sobre mi porque no tenía dinero para darle al señor, me gustó quedarme un rato viendo las reacciones de la gente cuando sentían a las palomas rozar su piel.
No recuerdo el itinerario exacto de nuestra estadía en Paris, pero fuimos a todo lo que se debe ir, como el arco del triunfo que me pareció en extremo gigantesco. Hacía tanto frío ese día que estábamos sufriendo un poco con las atracciones al aire libre, pero ni locas dejaríamos de conocer sólo por el frío.
Fuimos también a la Basílica del Sagrado Corazón, por la que llegamos a través de un camino no turistico bastante feo y extraño, lleno de vendedores de otros países que atestaban una calle entera. La Basilica no me pareció de lo mejor, pero bajar por Montmartre fue otra historia. Callecitas románticas con tiendas idilicas, incluido el café de Amelie, para llegar a Moulan Rouge, lugar que tanto quería conocer Nicole y donde nos divertimos tanto y tan tontamente con el aire que salía de uno de los ventiladores del metro.
En ese momento, de la torre sólo habíamos alcanzado a divisar la luz que proyecta (y hasta con eso nos emocionamos) no recuerdo porqué no quisimos visitarla antes, pero esa misma noche fuimos hasta ella. Fue poco más que impresionante verla. Es extraña la forma de impresionar que tienen ciertos monumentos del mundo, como este que lejos de cualquier lírica, no es más que una estructura de acero donde paradojicamente se concentran tantas parejas y amor empalagoso. Sea como sea, me invadió esa sensación que me ha pasado contadas veces (sólo con el Coliseo, la Torre de Pisa, la Sagrada Familia y la Catedral de Sevilla además de la Torre Eiffel) lo que según yo es producto de la concentración de energías de tantas personas que se han congregado ahí al pasar de las décadas. Y para nuestro deleite, no alcanzamos a divisarla ni por 3 minutos cuando el espectáculo de luces comenzó, dejándonos un poco sin palabras.
Pero no fue esa noche que la subimos, sino que al siguiente, luego de ir a Versalles, alcanzado a ver el atardecer y posteriormente una noche de luna llena preciosa desde las alturas.
Como siempre, la subida me costó (¡¡odio tanto las subidas!!) porque pagamos el ticket más barato, o sea, subir en escaleras la mayor parte de la torre y solo un pedazo de lo más alto en ascensor. Nicole era jugadora de rugby así que su estado físico ni se comparaba con el mío, alentándome constantemente todo el camino hasta la cima.
Hacía frío, pero una vez que llegamos a la meta, no queríamos bajar, solo deseabamos estar ahí para siempre y que nada nos molestara, flotar por un momento que se transformaría en eterno en mi memoria, sonriendo y pensando en que la próxima vez que fuéramos tendríamos que ir con una pareja para no desentonar tanto.
Pero bueno, la burbuja se rompió y nos rendimos cuando vimos que había una fila no menor para bajar, mientras se podía observar la comparación en tamaño de la Eiffel con otras torres del mundo. Sorprendentemente salía la chilena Titanium, y pensé que debieron poner el Costanera Center que era más alto, pero en ese entonces no estaba terminado. Veré si está la próxima vez que vaya.
El ultimo día lo dedicamos a dos museos (sintiendo que estaba guiando a Nicole hacia lo que yo quería) primero al Pompidou y luego al d'Orsay, no muy detalladamente porque ya no teníamos mucho tiempo, pero aun así nos compramos el ultimo crêpe y lo comimos sentadas frente a un puente. Buscamos nuestras cosas y con el tiempo prudente (según nosotras) nos fuimos al terminal para dirigirnos hacia el lejano aeropuerto que nos llevaría de vuelta a Barcelona.
Pero no todo resulta según lo presupuestado, ya que al llegar al terminal nos dijeron que los buses salían sólo 3 horas antes de cada vuelo, o sea que si no había ningún vuelo próximo, tendríamos que esperar hasta que llegara el correspondiente.
Casi nos morimos. Nos empezamos a desesperar y encima de todo se me perdieron los billetes con los que iba a pagar el pasaje, aunque sigo convencida de que no los perdí sino que se los quedó la cajera desgraciada. Vimos la posibilidad de cambiar el vuelo pero era nula, así que simplemente nos arriesgamos a tomar el bus destinado a un vuelo distinto al nuestro y rogar porque se apurara y poder llegar a tiempo.
Corrimos, corrimos y corrimos hacia el terminal correspondiente, era la ultima llamada, nos sacamos los zapatos con desesperación para que nos revisaran rápido, mientras observaba desde mi posición que nuestro avión estaba con la puerta abierta esperándonos solo a nosotras.
A Nicole le hicieron el tramite sin complicaciones, pero a mi por supuesto que me dejaron parada un poco más, obvio, si mi pasaporte no era de Estados Unidos como el de Nicole, sino que un miserable pasaporte sudamericano digno de sospecha. Intenté dialogar con la policía, decirle que el avión me dejaba, que se irían perfectamente sin mi y que yo no tenía dinero para otro pasaje, pero ella a pesar de entender lo que le estábamos diciendo, nos respondía en un francés desagradable, sabiendo que no entendíamos ninguna palabra de lo que nos estaba diciendo.
Finalmente le dije a Nicole que se fuera, que al menos ella no se quedara sin pasaje, y la vi desaparecer por la puerta luego de despedirnos con rabia e incomodidad.
La policía seguía reteniendome, hasta que se decidió a registrarme entera, pero entera entera, primero con sus manos y luego con el detector de metales manual, hasta que me hizo un gesto y me dejó pasar.
Preferí no insultar, simplemente me puse las botas tan rápido como pude, tomé la mochila, el cinturón y el resto de cosas como pude y me fui corriendo al avión.
Todas las caras del avión me miraban con molestia, porque sabían que por mi estaban retrasados, pero me importó tan poco que solo atiné a sonreirle a Nicole desde lejos y sentarme en el ultimo puesto disponible.
Y me reí mucho. Al final esas eran las mejores tonterías de los viajes.

>Soundtrack: