2014: Coroico
Publicado por Susanei ,
Coroico fue una aventura con todas sus letras.
Este sector de Bolivia nunca lo había oído nombrar, ni siquiera habiendo ido a ese país hace unos años atrás, pero como esa vez fue mi amiga boliviana, Marle, la encargada de preparar esa parte del viaje, no fue algo que decidiera hacer yo (cosa que agradezco, porque es un lugar realmente sorprendente) llegamos hasta allí luego de pasar por la carretera más peligrosa del mundo, bautizada camino de la muerte, aunque tal como comenté allá, yo creo que lo mas peligroso de ese camino es la imprudencia de los conductores mas que el camino en sí, los que no usan cinturón de seguridad, van a velocidades del terror y sus maniobras dejan mucho que desear, sobre todo ante la multiplicidad de ciclistas que se aparecen durante el camino. Para Marle parecía un hecho normal, pero eso no me tranquilizó demasiado, y pasé buena parte del camino pensando en que corríamos peligro. Pero no tenía idea de lo que se venía.
Todo el tiempo fuimos dando tumbos tan poderosos que nuestras cabezas se golpeaban contra el automóvil, las ruedas se quedaban atrapadas en el barro, había que retroceder constantemente para no caer en el barranco que había del otro lado, mientras el aguacero que nos caia encima iba formando riachuelos que hacían todo aun más difícil y yo rezaba aunque ni siquiera creo en dios. Hasta que llegamos, y valió completamente la pena.
En el lugar, muy hermoso y cuidado, con hamacas, bar, y mucho para recorrer, eramos las únicas huéspedes, por lo que decir que nos atendieron bien sería poco.
Comimos algo y nos ofrecieron hacer una caminata hacia las cascadas. Nos dijeron que era de poca dificultad así que todas nos animamos, pero nunca imaginamos que los guías serían dos chicos de no mas de 17 años, y que la caminata tenía una dificultad te-rro-ri-fi-ca. Y no lo digo precisamente por el cansancio que nos provocó finalmente, sino porque el camino era tan peligroso como el trecho que sorteamos en la 4x4.
Allí estuvimos disfrutando un rato, hasta que los chicos nos ofrecieron ir a la segunda, una de la que los dueños del hospedaje no nos habían hablado. Los chicos nos dijeron que no estaba lejos y que como ya habíamos llegado hasta ahí, no sería tan dificultoso llegar a la otra. No sé porqué les creímos, pero de esa cascada a la otra, era ir ESCALANDO en medio del barro, afirmándose de vegetación resbalosa y ramas que se iban quebrando por nuestro peso. En ese tramo no me caí, pero sí mis dos compañeras de viaje, aunque sólo tuve suerte, porque ya vendría mi turno.
Los chicos decidieron bajar rápido, pero el camino de vuelta no era el mismo, porque verdaderamente habría sido imposible bajar por donde escalamos, ahí la caída de varios metros era más que segura, por lo que nos llevaron por un camino más largo pero no tan empinado, en el que me caí al menos
dos veces, quedando llena de barro y risas de los demás.
Llegamos hasta una plantación de coca que ellos calificaron como ilegal, y luego, ya exhaustas, nos pusimos bikini para ir a la piscina, pero estábamos tan cansadas que optamos por dormir.
Despertamos tarde, nos tomamos unas cervezas y nos preparamos para irnos. Teníamos programado estar tres días allí, pero Marle se enteró de un problemón y tuvimos que regresar a La Paz, con una caminata inolvidable grabada en la mente y cuerpo.
