2014: Londres

Publicado por Susanei ,


Casi perdemos el bus que nos llevaría a Londres. Eso es lo primero. En el mismo terminal de París donde perdí el bus que nos dejaba en ese aeropuerto alejado en el 2012, así que como se repitió la historia, supongo que no usaré ese lugar nunca más porque está cargado en mala conmigo.
Llegamos corriendo, tiramos las mochilas a un pasto y subimos por un lugar que no debíamos, pero llegamos! sanos y salvos, aunque con asientos separados porque fuimos los últimos en subir. Después no recuerdo bien cómo, pero igual nos sentamos juntos.
Big Ben :D
El Roberto estuvo mega nervioso todo el viaje debido a que estábamos prontos a pasar por la policía internacional, por entrar al país, por la plata, por los papeles, por todo, y bueno, tenía sus razones, pero nada pasó y entramos con cero dificultad. El policía me dijo que practicara mi acento británico porque era desagradable escucharme con acento de Estados Unidos, pero yo solo me reí, porque no tengo acento de ninguna parte ¡si hablo ingles como la mierda! o mas bien, no hablo inglés.
Llegamos a un hostal que no se veía tan terriblemente indecente por fuera, dejamos nuestras cosas en esos cuartitos para guardar las maletas y salimos a hacer nuestro primer recorrido, con connotaciones demasiado diferentes para mi amigo y para mi, porque para el era el verdadero comienzo, y para mi, el final.
A la vuelta, cuando entramos a nuestra habitación, fue la primera sorpresa que supongo que se quedará guardada para siempre en nuestros cerebros a modo de risa: ¡era igual a un campo de concentración! si hay una peor habitación que esa en algún hostal británico que me digan, porque de verdad no lo creería. Era hacinamiento por todas partes, de camas, de personas, de olores, de maletas, de zapatos repartidos por ahí y por allá... impresionante. Y para mas remate, quedamos en camas separadas. Yo en el primer piso y el Roberto en el tercero... sí, los camarotes eran de tres. Pero era lo más barato que pude conseguir, y en una ciudad tan rematadamente cara como Londres, cualquier ahorro se agradece.
La foto no casual en el underground
Lo demás, lo sentí tan... bien. Tan preciso, tan exacto, como si nada pudiera salir mal. Las lluvias intermitentes, la rapidez del metro, las distancias, los lugares, la vida, hasta la gente... una ciudad que te invita a quedarte a vivir allí una temporada, no solo a ir de paso por unos cuantos días como lo hice yo. Siempre y cuando tengas el dinero, por supuesto, porque qué manera de ser terriblemente caro todo, ¡me parecía que me iban a cobrar hasta por respirar!
No recuerdo bien el orden de los hechos, pero esto fue lo más relevante:

-La foto Harry Potter style que uno se puede hacer en King Cross y las pifias cuando elegí la bufanda de Slythering. Ni siquiera soy fan de Harry, pero cuando hay que hacer algo, se hace. Sin importar la fila ni el ridículo publico ni lo que diga tu amigo sobre hacer el ridículo.

Slythering, yo te elijo
-Una tarde, fuimos a uno de los enormes parques de la ciudad. Allí nos sentamos un rato bajo el sol tímido a comer alguna porquería barata que habíamos comprado en un supermercado. A nuestro lado había un grupo de negros webiando. Después nos pusimos a caminar y nos encontramos con una especie de laguna llenísima de aves. Estuvimos allí un rato disfrutando de las avecillas y seguimos caminando hasta un memorial de Lady Di. Se suponía que había que caminar en el agua, pero entre el frío y el asco de miles de pies de gente desconocida, decidimos que mejor nos quedábamos con los zapatos bien puestos. Vimos un par de esculturas y luego llegamos a los que parecía una reunión de musulmanes. ¡Musulmanes everywhere! y un mino que andaba corriendo, al que le alcancé a sacar una foto. Salimos de allí y en verdad no sabíamos qué hacer, así que nos pusimos a caminar sin rumbo cantando Queen y cualquier cosa británica que se nos ocurriera, hasta que llegamos a un barrio muy cuico y típico londinense. Y llegamos re lejos, así que el Roberto le pregunto a una chica cómo nos podíamos devolver. Ella intentó ayudarnos diciendo que nos fueramos con ella en una micro, pero yo no pude subir porque no tenía tarjeta asi que nos tuvimos que devolver a pie. Recuerdo que miramos mucho dentro de las casas, donde la gente no parecía tener mucho pudor porque sus cortinas estaban muy abiertas o en verdad, porque supongo que los que viven allí no andan mirando en las ventanas de otros, como nosotros que envidiábamos terriblemente a sus habitantes cada vez que nuestra mirada indiscreta nos llevaba a una hermosa cocina, a un hermoso living o a un hermosoloquefuera.

Abbey Road al revés, ¡pero Abbey Road!
-Cuando fuimos a Abbey Road. Al Roberto no le interesan mucho los Beattles, pero yo soy una total fan, por lo que esa era una de las paradas obligadas para mi, y al parecer para un montón de gente mas, porque nunca pensé que intentar cruzar la famosa calle fuera un verdadero circo de turistas intentando sacarse la dichosa foto. Supongo que los locales sufren un poco allí, al menos debería haber un semaforo o algo, porque entre el trafico y los demás, parecía una verdadera batalla intentar pasar solo o con tus amigos, ya que todos se agolpaban cuando dejaban de pasar los autos. El Roberto ni siquiera pasó, pero aunque me sentí más que ridicula, yo TUVE que pasar, ante los ojos de no se cuantas personas que seguramente me envidiaron porque tuve la suerte de pasar sola jajajaj. Nos quedamos un rato allí exclusivamente viendo el ridículo de los demás. Todo sea por ustedes, malditos Beattles.

-El carrete del hostal. Esa noche pensábamos ir a una disco que estaba como a dos cuadras de nuestro "hermoso" hostal, pero nos quedamos conversando con unos españoles, y al final la hora de entrar gratis se nos pasó de algún modo extraño y terminamos comprando alcohol en un negocio cercano y carreteando con los demás del hostal. A pesar del poco dinero, yo me terminé emborrachando igual con esos vodka en lata que parecían juguitos inofensivos, y terminé de la peor manera que se puede terminar, ¿o será de la mejor? jajaja la cosa es que igual fui feliz y fue toda una aventura, digna de recordar.

Museo de cera... ¡por fuera!

-El no poder entrar a nada. Esa fue la parte tragicómica del viaje. En verdad, fuimos a muchas partes, y nos sacamos las fotos de rigor, pero de entrar nada. ¡¡Es que no podíamos pagar 20 o 30 lucas para entrar a X parte!! ¡cómo todo puede ser tan caro! por suerte los museos estatales son gratis, y por suerte también, nos animamos a pagar la entrada del London Eye, porque al menos para mi, valió completamente la pena, sobre todo porque tuvimos la suerte de que aparte de nosotros, la cabina solo tenía tres personas más, y segundo, porque vimos un hermoso atardecer, y justo cuando íbamos bajando comenzó a llover, así que fue perfecto a pesar de lo caro que nos costó.

-El dioso. Él se merece todo un capitulo, pero fue tan hermosamente irreal, que imposible que alguien más entienda su efecto para alguien que no sea el Roberto o yo. De otra dimensión el desgraciado.

-Parar el dedo indice ante cualquier estupidez. Tal dedoindicelevantado que son esos weones. ¿Por qué Chile tiene que ser tan Chile? :(

Caro, caro, pero lindo, lindo
-Mi incapacidad de despedirme del Roberto. La noche anterior a mi partida nos compramos otra vez esos vodkas baratos pero nos acostamos temprano porque yo me tenía que ir como a las 7, pero yo, en mi aweonaje habitual, nunca cambié la diferencia horaria entre París y Londres en mi celu, ¡entonces me levanté una hora más temprano de lo que necesitaba y nunca me di cuenta hasta que llegue al aeropuerto! pero eso no es lo importante, lo importante es que cuando tengo que despedirme de alguien que quiero, me da una sensación entre pena, incapacidad, timidez, y simplemente no poder hacer nada (lo que me pasa siempre, siempre, en ocasiones simplemente me he ido sin decir una palabra) por lo que no fui capaz de despertar al Roberto, y en vez de eso le dejé una nota. También al dioso. 

Londres, Londres... hasta ahora me da pena pensar en su lejanía y en mi imposibilidad de obtener una opción para vivir allí. Te deseo desde la distancia, Londres.
>Soundtrack: