2014: Brujas

Publicado por Susanei ,


Siempre existen destinos a los que la mayoría de la gente quiere ir: París, Londres, Brasil, el Caribe... y a pesar de que yo también pensé así en algún punto, Brujas fue para mi como el deseo común de la gente que quiere ir a París. La incluí en cuentos, en fantasías varias, investigué y vi tantas fotos de ella como pude. Envidiaba a mis amigos que fueron, y la segunda vez que estuve en Europa, me arrepentí repetidamente de no haber ido. Por eso, cuando llegamos y empezamos a dar vueltas por allí arriba de una micro para llegar a nuestro hostal, experimenté uno de esos momentos en que piensas que todos tus sueños se pueden hacer realidad, por muy utópico que suene y sea.
Molinos que vimos al llegar
Brujas es una ciudad para caminar lentamente, para saborearla de a poco, para inmiscuirse en detalles, para permitirse soñar un poco sin sentirse idiota ni como una versión mala de una canción romántica.
Hasta el hostal fue decente, y eso, en nuestras condiciones precarias, era pedir mucho. Cuando llegamos, vimos unos molinos, y cuando empezamos a caminar, a pesar de que no estábamos precisamente en el centro, me pareció precioso.
Felicidad pura
Compramos unos panes en un negocio que se veía demasiado apetitoso, y nos sentamos a los pies de una iglesia a comer cual indigentes, hasta que empezó a llover y nos arruinó el almuerzo. La lluvia fue el elemento común en nuestro viaje. Desde Roma que la lluvia nos estuvo molestando (no siempre, a veces fue divertido) pero para ser verano, era un poco tedioso porque no sabíamos qué ropa ponernos, cuanto abrigo llevar o si cargar con el paraguas.
Así, bajo un poquito de lluvia, nos pusimos a caminar por lo que habíamos visto antes sobre la micro, y bueno, como ya dije, no hay palabras. Era tan lindo como sobrecogedor. ¡Cómo pueden existir lugares tan perfectos y otros tan nefastos! ¿el planeta no podría ser un poco más equitativo en cuanto a belleza?
Estaba todo lleno de chocolaterías tan hermosas como deliciosas, y aunque no teníamos plata, tuvimos que entrar y comprar algo. ¡Recuerdo unas bolitas de chocolate tan exquisitas! ¡y el chocolate blanco para morirse!
Más felicidad
Pero todo lo lindo también tiene su lado B, aunque no por parte de la ciudad, sino que de nosotros mismos, ya que una tarde me enojé con el Roberto porque me tenía harta que usara tanto su teléfono. No entendía cómo podía estar tan pegado con el aparatito estando de viaje. Hasta cierto punto lo entiendo en tu propia ciudad, en la rutina, en el aburrimiento de tu realidad, ¿pero en Brujas? así que una tarde me fui sola a un lugar con un río con aves a comer papas fritas, aunque Brujas es tan chico que nos terminamos encontrando igual, ya sin enojo ni nada, solo hambre, como siempre. 
No entramos a ningún museo, tanto por el dinero como por el día, porque estaban cerrados, pero sí que entramos a varias iglesias, tanto por curiosidad e interés, como para protegernos de la lluvia.
Selfie junto al río
Recuerdo un día que estuvimos visitando unos parques y la tranquilidad de algunas calles, pero cuando estuvimos en ese parque, empezamos a sentir truenos. Obviamente se pondría a llover así que nos dispusimos a salir del parque, pero no alcanzamos ni a llegar a la salida y la lluvia de mierda ya nos estaba empapando. ¡Cómo podía llover tanto en esa fecha! estábamos un poco lejos del centro y aun más lejos de nuestro hostal, así que caminamos rápido por una calle resbaladiza, pero la lluvia era más fuerte, y al menos yo, me empapé por completo las zapatillas desgraciadas, así que al final ya ni siquiera miraba donde pisaba, porque la calzada irregular estaba llena de posas que ya ni podíamos sortear. Entramos a una iglesia como ultima esperanza, mientras la lluvia y el viento helado hacían de las suyas afuera, y nos sentamos como dos pollos mojados muertos de frío a esperar que la tempestad se calmara. Pero no se calmó, el Roberto se aburrió y me dijo que nos fuéramos así no más al hostal, lugar donde ni siquiera podíamos cambiarnos de ropa o algo porque ya habíamos hecho check out y nuestras cosas estaban en un cuartucho de maletas.
El día de la tormenta
Lloviendo aun, salimos, caminamos todo lo que habia que caminar hasta el hostal y aunque llegamos casi sin lluvia, el roberto tenía empapado el pantalon de las rodillas hacia abajo y los zapatos, mis zapatillas estaban inservibles y mis calzas no estaban tan mojadas porque se habían ido secando en el camino, pero el Roberto tenía zapatos de repuesto así que se lo cambió en el cuartucho de las maletas, pero yo la única opción que tenía era ponerme hawaianas en un clima frío de mierda o usar mi alisador de pelo para intentar secar las zapatillas, así que opté por lo segundo, y pobremente conecté el aparato y le hice salir una enorme cantidad de vapor a las zapatillas que bajo ningún punto quedaron completamente secas.
Me fui con la misma sensación que me dejó Morelia en México, o Toledo en España. Como si hubiese ido allí antes, como si tuviese que volver pronto.

>Soundtrack