2014: Berlín

Publicado por Susanei ,

A Berlín llegamos de noche, otra vez a un lugar alejado del centro y con miles de lineas de colores en un metro que se enlazaba con los trenes y del que no entendíamos nada. Pero Berlín es así, o lo entiendes, o no te gusta, como le pasó a mi amigo, al que evidentemente no le pareció muy lindo, o al menos no se convirtió en su lugar favorito.
La puerta impresionante
Como muchos otros lugares, habían sitios en reparación, pero esta vez era una reparación-construcción-renovación exagerada, lo que al menos para mi no le quitó el encanto, y es que me pareció una ciudad super diferente a lo demás que te puedes encontrar el Europa, con tanta cultura alternativa, locura, historia, estilo, fabricas, y un sin fin de cosas que parecen ser antagónicas hasta que el chip de tu cerebro hace "¡paf!" y entiende que todo eso junto y mezclado debía llamarse Berlín y uno está ahí para interactuar con todo lo que ofrece.
Dentro de lo poco que estuvimos (realmente me arrepentí de ir tan poco, ya que cuando se busca información en internet, lo más interesante de Berlín, su vibra, por supuesto que no se puede captar) visitamos todo lo que pudimos, incluyendo largas filas y a veces decidiendo no entrar por falta de dinero ante unas entradas que para nuestro sudamericano bolsillo eran demasiado caras.
Uno de los sitios que más me impresionó fue el museo de Pérgamo, donde está la increíble e imponente puerta de Ishtar, la que a pesar de que no se pudo reconstruir completamente debido a las dimensiones arquitectónicas del museo, sigue siendo completamente impresionante, trasladándote a una época y lugar que no tienen mucho que ver con Berlín, pero sí con sus arqueólogos aventureros que creyeron que lo mejor sería trasladar esa y otras edificaciones hasta Berlín para su mejor conservación. No sé hasta qué punto estoy de acuerdo con ese actuar, pero de que impresiona que esté allí, impresiona.
La catedral de Berlín
La catedral de Berlín es otra de sus visitas obligadas que me dejó con un sabor dulce. A pesar de que de religiosa ni creyente no tengo nada, tengo un gusto especial por las iglesias, y la de esta ciudad se ganó un espacio entre las que más me han gustado, tal vez por su protestantismo que la hace tener ciertas características especiales, y por la pieza de Bach que justamente empezaron a tocar cuando nos sentamos.
Por la Puerta de Brandeburgo pasamos quizás muy rápido para mi gusto, pero hacía demasiado calor y estábamos cansados, como la mayoría de las veces que nos proponíamos caminar hacia algún lugar. Quería volver al atardecer, pero nunca lo hicimos, porque lo pasamos junto al río cerca de la parte del muro de Berlín donde se puede encontrar multiplicidad de graffitis, lo que valió bastante la pena.
Muro de Berlín
Por otra parte, el monumento al holocausto me pareció interesante en cuanto a su capacidad de hacerte encontrar contigo mismo en un sitio que está en medio de la ciudad, pero que te traslada a ciertas reflexiones que prefiero no plasmar aquí.
No fue lo único que visitamos, pero fue lo que más me quedó en la retina, junto con ese caminar hacia el muro donde la vibra alternativa se respiraba en una capital Europea que no parece tan europea, lo que puede tanto desencantar o invitar a volver al visitante. Demás está decir que yo soy de ese segundo grupo.


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