2014: Viena

Publicado por Susanei ,

Viena fue para mi una gran, gran sorpresa.
Cuando estaba en la etapa de preparar el viaje, Viena fue solo una opción para poder salir de Venecia por tierra y poder llegar a Praga, pero se terminó transformando en uno de mis lugares favoritos de aquel viaje.
Como todos los comienzos, fue incomodo, ya que estábamos cargando con mochilas abultadas y pesadas, sin contar que los buses parecían dejarnos en cualquier parte. Al parecer los buses no son un modo de transporte muy famoso en Europa, por lo que vimos poquísimos terminales que fueran de buses interregionales propiamente tales, asi que esa vez nos dejaron en lo que para nosotros fue la plena calle.
Las calles amplias que tanto me gustaron
Cerca de ahí había un metro (que estaba en nuestras narices pero nos costó hallarlo) compramos los tickets y pasamos. Tickets que no sabíamos como utilizar, y en nuestra ignorancia terminamos validandolos tantas veces que ahora lo pienso y me río. Tuvimos suerte de que no nos agarrara un inspector estando en el metro, porque ademas de muertos, habríamos quedado en la vergüenza total.
Nuestra primera visita fue al palacio Schonbrunn, la que seria primera y única visita propiamente tal a un lugar, ya que el tiempo en Viena pasó entre perdernos, caminar y perdernos, cosa de la que por cierto, no me arrepiento.
Dentro del palacio no pudimos sacar fotos, lo que fue una pena, pero al menos incluía audio guía y pudimos interiorizarnos un poco en la vida de María Teresa. También recuerdo la sala en donde la santa audio guía indicó que Mozart había tocado para María Antonieta. Ay, austriacos, austriacos.
En el palacio
Estábamos cansados, yo tenía los pies destruidos (literalmente) desde Roma, pero seguíamos y seguíamos caminando, ya que luego de tomar el metro llegamos hasta una plaza donde habían esculturas de grandes musicos, pero era demasiado grande como para abarcarla así que optamos por descansar un rato en el pasto, aunque no fue demasiado, porque tomamos el mapa y nos fuimos a la ciudad.
Mi primera impresión fue "blanca", la segunda "amplia" y de ahí en adelante me sentí tan a gusto que pensé que podría vivir allí perfectamente si no fuera un país donde hablaran alemán. La barrera idiomatica, como siempre.
Compramos una comida miserable y fuimos hasta una plaza pequeña y no muy bonita a comer pan con queso crema, además de comprar unas cervezas, entre las que destaco la Ottakringer, que me hacia efecto muy rápido y tenia buen sabor, a diferencia de la que se compró mi amigo que no me gustó para nada.
Creo que en la discoteca que fuimos también tomamos Ottakriger, quizás allá la más barata y mala, pero a mi me encantó, como me encantó también esa discoteca, comentada en innumerables ocasiones en días posteriores: Pratersauna.
Llegar allí no fue fácil, y si no fuera porque junto a nosotros dormía un austriaco que se estaba quedando allí sólo para poder ir de fiesta porque vivía muy lejos, jamás nos hubiéramos enterado de su existencia, pero es así como van germinando las cosas, y luego de que Roberto conversara un poco con él, que saliéramos a fumar en medio de una lluvia torrencial, que se me cayera el celular allí mismo en la lluvia y se me ocurriera ir a recuperarlo como media hora después, partimos a la disco.
Llegamos de los primeros para pagar mas barato, y nos pusieron un timbre de corazón en la mano. Dentro estaba semi-vacío, lo que me desalentó un poco pensando en que nadie iría por la lluvia y porque era día miércoles, así que nos sentamos y nos pusimos a beber con los vasos contados, porque pagando la entrada nuestro presupuesto se había visto tristemente reducido.
El ambiente era extraño, ciertamente en uno en el que nunca me había desenvuelto, con gente bailando hacia y para y en honor al DJ, con pasos extraños, movimientos tiesos que hasta parecían fuera de ritmo y desarmados, incluyendo a esa gente aun mas especial que bailaba como si estuviera solo en su habitación, ciertamente drogados y borrachos.
Primero no me gustó, pero luego simplemente había que unirse, mirar hacia el frente e intentar bailar a su modo. Nada de movimientos latinos, no, estábamos en Austria y había que fundirse en el desenfreno a su modo, y así lo hicimos, lo que partió con una sensación extraña y hasta de estar haciendo el ridículo, pero no pasaron ni dos minutos y ya me sentía parte, incluso mas, me sentí feliz y libre, con la libertad de moverme como yo quería, cuando yo quería y con quien yo quería, y si quería estar sola, mejor aun.
Una plaza semi desierta
Luego descubrimos otra pista, que estaba repleta, mucho mas llena que la otra y de la que nunca nos percatamos, y explorando el lugar, tenia piscinas fuera y dentro (claro, nunca nos tomamos en serio lo de praterSAUNA) y los dos terminamos comentando un hecho que nos parecía ilusiorio: ¡los baños tenían papel higiénico y estaban limpios! con eso ya terminé amando Austria, la civilización, lo europeo, lo no sudamericano en el sentido de lo pobre que es nuestra cultura en aspectos tan básicos como respetar el orden y limpieza de un miserable baño, o en una fila, o en ponerte a la derecha en las escaleras de metro para dejar al resto pasar.
Un par de chicos me hablaron, y un par mas me sacó a bailar (lo que realmente no entendía porque a mi vista nadie estaba bailando en pareja, sino que todos mirando al DJ) pero los rechacé a todos, esa noche era para mi y mi libertad de seguir bailando como quisiera, sin intentar agradar a nadie para llegar mas allá de la disco, no.
Nos terminamos yendo cuando el cielo estaba claro, y cuando realmente no dábamos mas del cansancio. No teníamos idea que el metro abría tan temprano (creo que a las cuatro de la madrugada), y como dos zombies nos fuimos al hostal. Por suerte despertamos en la estación que nos servía, realmente me llegué a acostumbrar a Viena.
Luego conocimos la catedral, y los sitios mas importantes solo por fuera, ya que o estaban cerrados o no teníamos el presupuesto necesario. Al otro día iríamos a Bratislava, asi que las posibilidades de conocer o ir a un concierto cada vez se hacían más minúsculas, hasta que llegó un vendedor de entradas a conciertos. Fue tan simpático que le creímos todo, claro, tampoco teníamos motivos para sospechar, hablaba español, estaba vestido de época, había visto a un par mas de ellos por ahí, tenía todo como para que fuera verdad, y caímos, le compramos una cara entrada para un concierto al día siguiente.
El famoso concierto...
Nos fuimos contentos porque al final sí podríamos ir a uno antes de irnos, pero al otro día la decepción fue grande, primero, porque tuvimos que irnos de Bratislava bastante temprano para alcanzar a llegar al famoso concierto, y porque segundo, era una verdadera estafa que se reflejaba en la cara del resto de gente que llenó el salón. Era un palacio, sí, había música en vivo, sí, pero no era como lo pintaban en el papel. Los asientos eran una porquería, todo estaba hecho para vender lo que mas se pudiera, las zonas realmente no estaban divididas, había que pagar hasta para guardar las cosas (lo que te obligaban a hacer porque no se podía entrar con bultos) y lo que mas profundamente me molestó, fue la parte del ballet. Ahora lo pienso y me da risa, de hecho me acaba de dar un ataque de risa al recordar a los pobres muchachos intentando bailar en un espacio de 2x2.
Lado bueno, la cantante de opera, lado malo: todo lo demás, dinero perdido, pero en el fondo fue parte de nuestro viaje, algo tan indecente como nosotros mismos. No nos habría servido ir a la Opera de Viena porque seguro que no encajábamos, concierto justo para viaje justo.
Y respecto a la opera de Viena, para nuestra mala suerte estaba en reparación, asi que igual que todo lo demás la vimos por fuera y de noche, después de dar un largo paseo, perdernos -como siempre- e ir siguiendo la orilla del río para ver el hundertwasser que nunca encontramos, una lastima. En cambio encontramos muchas arañas en el puente, y cantamos mucho, contando "grado 3" de Glup, de la que no pudimos acordarnos bien como empezaba, y muchas otras, la mayoría antiguas.
Con Mozart
En nuestra caminata llegamos a un barrio algo mas moderno, y en el a un bar donde prácticamente no habían mujeres y donde la belleza parecía desbordar. Pensamos en entrar, nos dimos una vuelta, pensamos en la plata, y al final nos fuimos, no se porqué, nos malentendimos supongo, porque después descubrimos que ambos queríamos entrar, en cambio buscamos el metro porque cerraba a las doce, y una chica nos dio las indicaciones, y otra vez malentendimos, porque como llegamos al "Subway" pensamos que se había confundido y que en realidad el metro no estaba allí, pero no, por suerte las indicaciones las había dado bien.
La noche siguiente volvimos a esa zona para salir de parranda, pero no consideramos que allá la hora de ir de fiesta no es la misma que para nosotros, y terminamos llegando demasiado tarde, cuando todos estaban en el McDonalds reponiendose luego de haber bebido, cuando los bares ya solo albergaban a los últimos borrachos y cuando las puertas se estaban cerrando, por lo que frustrados nos tuvimos que devolver.
Si lo pienso detenidamente, perdimos tanto el tiempo y nos salieron tantas cosas mal, que no entiendo porqué quedé con tan buena impresión de Viena. Quizás fue eso mismo, de aprender a reírse de lo malo un poquito a la fuerza, y que los planes se transforman en algo muy volátil cuando se están viviendo las cosas en carne propia.
Si alguna vez vuelvo, tendré que hacer todo lo que no hice, pero esa noche en Pratersauna jamás se repetirá.

> Soundtrack: